Patrimonio: Por Siempre Sewell

Dos “sewellinos de corazón” y representantes de Codelco y de la Fundación Sewell nos hacen ver, sentir y vivir la llamada “Ciudad de las escaleras”, Patrimonio de la Humanidad.

Por Olga Ruiz // Fotos Codelco y Carlos Quezada  

 

Emplazada en la comuna de Machalí, y en lo que hoy pertenece a la División El Teniente de Codelco, se encuentra el ex campamento minero Sewell, cuna de la gran minería del cobre chileno y llamada la “Ciudad de las escaleras”.

Allí, a comienzos del siglo pasado llegaron interesados en la explotación del metal rojo el empresario William Braden junto al ingeniero Marcos Chiapponi, considerados “padres” de la actividad. La ciudad tuvo su máximo desarrollo en 1968, cuando llegó a albergar a unas 15.000 personas y a ocupar 175.000 m2 de construcción.

Hoy aún opera el molino, el chancador y una maestranza. Pero Sewell fue cerrada en 1977 y sólo se puede apreciar el 24% de lo que algún día fue.

Fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2006 y desde entonces más de 200.000 personas han visitado los 50 edificios originales, que hoy vemos restaurados gracias a los esfuerzos de la estatal y de Fundación Sewell.

Mario Machuca y Héctor Vargas, de 69 y 68 años respectivamente, nos rememoran parte de la historia del ex campamento, y nos muestran sus edificios emblemáticos y el Museo de la Gran Minería del Cobre.

 

CUNA

Machuca nos relata que en este rincón de la cordillera se establece Braden Copper Company, empresa estadounidense encargada de explotar el yacimiento El Teniente. Así se levanta el complejo industrial y residencial. Y en 1905 se le bautiza como “El Establecimiento”.

“No fue hasta 1915 cuando pasa a llamarse ‘Sewell’ en homenaje a Barton Sewell, ex presidente de la compañía, fallecido ese año”, precisa Machuca. Fue aquí donde los empresarios percibieron que con ,la explotación de la mina a nivel industrial se podía desarrollar una minería de gran escala; y más tarde se trasladan al norte a desarrollar la misma actividad.

“En Sewell se juntaron dos culturas sumamente diferentes. Los estadounidenses administraron la ciudad con exigencias y establecieron el orden entre empleados y obreros”, aporta Vargas.

Según pudimos apreciar, Sewell ostentaba grandes privilegios para la época. Allí se construyó el hospital al que llegaron los primeros rayos X e incubadoras del país. La gente disfrutaba del gimnasio más moderno de Sudamérica. Había un cinematógrafo, una compañía de bomberos, farmacias, pulperías y clubes sociales.

“La empresa se encargaba de los gastos de electricidad, agua, estudios y servicios médicos. Y cada vez llegaban más familias a vivir aquí. Eso explica que las edificaciones se hicieran en altura”, asegura Vargas.

 

Foto Sewell 6RAÍCES

Aunque nació en Rancagua, Vargas vivió en Sewell y trabajó en la cuprífera durante 35 años. “Comencé a trabajar en 1967 como oficial mecánico y pasé por distintos oficios hasta llegar a inspector técnico, cargo que ocupé hasta hace 13 años”, nos cuenta.

Nos explica que los turnos eran de 14 días y que descansaban el día 15. “Estuve tanto tiempo dentro de la mina, que todavía sueño con ella”, dice.

Recuerda que la relación con los americanos era escasa y que no compartían los mismos espacios, pues tenían su propio colegio y centro de actividades sociales.

Machuca es sewellino de cuarta generación. “Me especialicé en instrumentación eléctrica y protección de los equipos. Y terminé trabajando en la planta de chancado”, relata. Con orgullo recuerda que cada 29 de abril celebran el Día del Sewellino, en virtud del día que se fundó el campamento.

Comenta lo mucho que le sorprende cómo -con el transcurso de los años- han cambiado  los procesos de extracción, flotación y fundición; y que en materia medioambiental y de seguridad ha apreciado grandes avances. “Ahora se ocupa el convertidor Teniente, tecnología de punta y económica creada aquí”, destaca.

Vargas recuerda que cuando comenzó a trabajar, las palas eran propulsadas por aire comprimido, distintas a las de hoy en que usan motores.

 

Felipe Ravinet, director de Fundación Sewell, junto a Valentina Santelices, gerente de sustentabilidad de división El Teniente.
Felipe Ravinet, director de Fundación Sewell, junto a Valentina Santelices, gerente de sustentabilidad de división El Teniente.

RECUPERACIÓN

Valentina Santelices, gerente de Sustentabilidad de División El Teniente, sostiene que en la década de los ‘90, Codelco toma la decisión de recuperar los edificios patrimoniales del campamiento.

“Somos conscientes del valor histórico de Sewell y tenemos el compromiso de preservar el patrimonio cultural de la minería en Chile para las futuras generaciones. Por ello, al alero de la División se creó Fundación Sewell con el objetivo de administrar y gestionar su puesta en valor”, afirma.

Felipe Ravinet, director de la mencionada institución, declara que “buscamos un incremento de la visitas para reforzar la identidad y expresión de lo que significó desarrollar la explotación de este yacimiento y la construcción de la ciudad”.

“Queremos que a través del turismo, aquellos que no conocen de minería adquieran algún conocimiento de la actividad que envuelve a la industria del cobre”, agrega.

Hasta la fecha se han restaurado 23 edificios, entre ellos el Teniente Club, el palitroque, y el teatro; y se levantó un museo con mobiliario y artefactos que formaron parte de la cultura y de la vida social y cotidiana de la ciudad. Además, el recorrido por Sewell ha sido enriquecido con la exhibición de distintas especies recogidas por el mundo y que están relacionadas con el uso del cobre a través de la historia.

“El valor de Sewell es que es un patrimonio no sólo de la región, de Chile o de Codelco, sino que de todo el mundo”, concluye Ravinet.

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