Mariano Schroeder: Un apasionado por los motores

Desde Argentina a Alemania. Desde Golfo Pérsico a Cuba. Desde Perú a Chile. Una vida de aventura permanente escogió Mariano Schroeder, argentino descendiente de alemanes. Sobre todo, un genio de la mecánica.

Por Alfredo Galleguillos C.  // Fotos de Mariano Schroeder y Luis Felipe Quintana

Siendo niño partió a encontrar su destino. Una aventura que lo transformaría en piloto de prueba de submarinos, a la Guerra del Golfo, a ser encarcelado y amenazado por Fidel Castro, y sobrellevar los peores síntomas de la puna en Los Andes. Siempre con la misma pasión, los grandes motores.

El ingeniero Mariano Schroeder -director técnico de Empresas Power Train Technologies (PTT), presente en Argentina, Perú y Chile- es un proveedor respetado en la minería. Un “Giro sin Tornillos” capaz de convertir un maltratado e ineficiente motor minero, en un equipo de alto desempeño, aún más potente y mucho menos “gastador” que cuando salió de fábrica.

“Nací en una provincia del norte de Argentina”, comenta. Su padre, ingeniero, llegó de Alemania a construir centrales hidroeléctricas. En la estancia materna, Mariano Schroeder creció en la cultura germánica. Con su abuelo, recorría cultivos de soya, maíz y trigo. Pronto, la familia percibiría en Mariano una fascinación poco común. “Desde los tres años desarmaba todo. A los 9 años conducía el tractor de mi abuelo y desarmaba motores, reparaba transmisiones… Claro, al principio me sobraban piezas”, bromea.

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Con su hermano menor, Schroeder en el tractor que manejaba en su infancia.

Con apenas 12 años, Mariano Schroeder viaja a estudiar a Blohm+Voss, institución de enseñanza ubicada al norte de Alemania. Más que una escuela, uno de los principales astilleros de Europa, que desde 1877 construye buques civiles, mercantes y militares, incluyendo fragatas y submarinos.

“Mi principal fortaleza, en mecánica de motores, estaba en el cálculo matemático. Es importante, porque determina las variables para construir máquinas que se desempeñen adecuadamente en condiciones específicas”, señala Schroeder. Entre planos, barcos y mecanismos, el joven cursó sus estudios secundarios y superiores, hasta titularse como Ingeniero Naval.

En Daimler Benz

En 1987, con solo 21 años recibe la oferta para trabajar en el área de motores navales del gigante Daimler Benz. “Llegó un grupo de Daimler Benz para observar el trabajo. Una fragata tenía problemas con el sincronismo de dos motores de 10.000 HP y la turbina tipo avión de 50.000 HP. Me llamaron y lo resolví rápidamente. Ahí se volvieron locos, porque vieron que podía hacer dos o tres cosas a la vez”.

En Daimler Benz tuvo que ganarse un espacio. Sus colegas ingenieros no lo conocían y resentían que alguien tan joven fuera “tan perfeccionista”. “Cuando salía a probar un barco, tenía que decirles qué cosas no estaban bien para corregirlas. Recibía todo tipo de insultos. Llegaban a decir que fabricaba los problemas, por la facilidad con que los encontraba y solucionaba… Fue complicado”.

En los 90, compuso motores de fragatas de OTAN en la Guerra del Golfo. “Estábamos en una zona más al sur, en Arabia Saudita. Era impresionante ver como los estadounidenses hacían overhauling a 100 tanques Abrahams en interminables filas de carpas en la playa. Cuando sonaba una sirena teníamos que entrar a los refugios, pero no había peligro. Al menos eso decían”.

Con Fidel

En 2002, Schroeder fue asignado a Cuba para entregar dos barcos para 400 pasajeros, tipo ferry. Transportarían turistas entre Varadero y La Habana. “Fueron ocho meses de convivir en un sistema que… hasta me llevaron preso”. Aunque asegura que era solo para “intimidar”, a ratos era aterrador. “Te llevaban a una cárcel y lanzaban agua en el piso… sin ponerte grilletes, eso sí. Al soltarte solo decían estamos controlando”.

En Daimler Benz
En Daimler Benz (arriba, a la derecha).

“Un día salimos a probar el barco cerca de La Habana. A quienes iban les comentaba que la nave no tenía hélices ni timón. Se miraban y decían ‘Este está loco…’ Y ahí les explicaba que la nave era un hidrojet, que funcionaba con bombas de agua. Y, de repente, apareció Fidel. Fidel Castro en persona. Con su uniforme verde, se acerca y me dice: ‘Si esto sale mal, te doy candela’. Y yo, sin entender nada, le respondo: ‘¡Ah, muchas gracias!’. Entonces otro me dice: ‘Idiota, candela significa que te prende fuego…’” La pregunta más recurrente era la autonomía de las naves. Miami queda a 90 millas. “80”, mentía.

Por esos años “me destinaron a Perú a desarrollar motores mineros para altura. La primera vez que probamos motores a 5.000 msnm yo estaba congelado. No me podía mover. Los motores no encendían. Un caos”. Pronto el ingeniero comprendió que camiones y seres humanos sufrían por la misma causa: baja concentración de oxígeno.

La altura, clave

A fines de 2007, Mariano Schroeder renuncia a Daimler y acepta una invitación de Daniel Leiderman, accionista de Turbodal y PTT, para conocer la capital de Chile. “Iba a regresar a Alemania, cuando con mi mujer decidimos ir a Santiago. Ella me dice: “Fijate que las calles son como en Alemania… ¡pisás la raya blanca y los autos paran!”. El matrimonio y sus dos hijas se radican en Santiago en enero de 2008.

Transantiago fue su primer proyecto. “Los buses duraban apenas 20.000 kms por la cantidad de averías”, comenta Schroeder. Viajó como pasajero una semana, grabando, tomando notas y analizando… Hasta le costó un computador que se destrozó en uno de los típicos frenazos. Igual hizo lo suyo, ecuaciones y cálculos, con resultados que significaron un contrato para actualizar la totalidad de la flota de Transantiago.

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Mariano Schoeder, hoy, desarrolla overhauling para motores de camiones mineros.

Un trabajo similar se hizo para Chuquicamata, cuando los motores de los camiones no exhibían el desempeño esperado. “Ni siquiera el fabricante había logrado corregir los problemas”, comenta. Estos negocios permitieron a PTT consolidar sus talleres en un terreno ubicado en Barón de Juras Reales, centro-norte de la capital.

BHP Billiton les dio el impulso para crecer al incorporar a la empresa de Mariano Schroeder y sus socios al programa de desarrollo de proveedores de clase mundial. Con Minera Escondida, a 3.200 msnm, se enfocaron en camiones de 400 toneladas y más. No paran. En Maricunga, ubicada a 5.000 msnm, duplicaron los HP de sus camiones. Para Barrick, en Argentina, redujeron 8% el consumo de diésel en un sistema electrógeno.

Mariano Schroeder disfruta con su familia. También con sus conferencias a alumnos de Ingeniería de la U. de Chile, donde es consejero. Un par de veces al año visita a sus parientes en Argentina y otras se dedica a su hobby: las carreras. El overhauling de autos “de calle” ha copado de trofeos los estantes de su oficina y su casa. Ahora patrocina un equipo de karting. Un apasionado que no se detiene.

 

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