OPINIÓN – Cogeneración, flexibilidad y GLP

Por Diego del Pino, Sales Manager Power Plants de Wärtsilä.

La optimización de recursos es una preocupación general en las diferentes industrias, y —por supuesto—
lo es también en el rubro minero, tanto en términos económicos, como en lo referente a recursos naturales y al aprovechamiento de la tecnología disponible.

La tendencia nos invita a la elección de soluciones eléctricas flexibles que se adapten a los requerimientos variados de la minería. En este contexto, aparecen tecnologías como las centrales con motores de mediana velocidad que pueden operar en lugares remotos sin ver mermada su eficiencia y que requieren un uso escaso de agua, poniendo a disposición de las mineras la eficiencia en un primer plano. A esto, se suma la necesidad de contar con soluciones de cogeneración que permitan un aprovechamiento total de los motores, además de la demanda creciente de combustibles amigables con el medio ambiente.

Cogeneración se refiere al aprovechamiento máximo de la energía que producen los motores que conforman una central eléctrica. Así, al emplear el calor residual de los motores —a la vez— se está ahorrando en combustible y electricidad.

Debido a esto último, la cogeneración incide favorablemente en el rendimiento, ya que contribuye a alcanzar hasta un 80% o incluso un 90% de rendimiento, frente al 47% que alcanzan las centrales más eficientes que no tienen recuperación de calor.

Máxima flexibilidad

Cuando hablamos de flexibilidad nos referimos a ésta en cuanto al uso de combustible y a la capacidad de una central de adaptarse a distintas cargas sin disminuir su eficiencia. Dichas características son fundamentales, pues permiten asegurar el suministro continuo de energía, en especial cuando se trata
de suplir la intermitencia de las energías renovables no convencionales (ERNC).

Por ello, es fundamental elegir una central eléctrica capaz de otorgar dicha flexibilidad a la industria minera, cuyas faenas además —generalmente— se emplazan en lugares remotos y, por ende, ven más complicado su acceso a la amplia variedad de combustibles y/o recursos naturales.

Apostando por el GLP

La utilización cada vez más frecuente del gas licuado del petróleo (GLP) es una realidad, una que se justifica con ventajas como el ser un combustible amigable con el medio ambiente y contar con un precio competitivo. De este nuevo escenario no está ajena América, pues ya países como El Salvador están optando por utilizar GLP como combustible principal para sus centrales. Ahora, el desafío de sumarse lo tiene Chile.

 

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