Alta Ley – El Cobre después del Cobre

Mauro Valdés encabeza el Programa Nacional de Minería Alta Ley, que propone desarrollar capacidad de innovación para llegar al año 2035 con exportaciones en torno a los US$ 4.000 millones. Aquí conoceremos su ruta y principales desafíos.

Por Alfredo Galleguillos C. // Fotos Alta Ley y Codelco

Chile tiene que transitar desde una minería con altas leyes en sus yacimientos hacia un sistema exportador de tecnologías innovadoras basado en las “altas leyes del conocimiento”. “Ése es el juego mental detrás del nombre de este programa”, comenta Mauro Valdés, presidente ejecutivo del Programa Nacional de Minería Alta Ley, iniciativa impulsada por Corfo y la cartera del sector, con la coordinación de Fundación Chile.

Su fundamento radica en una preocupante pregunta. Después del cobre, ¿qué? Si bien Chile cuenta con las reservas de cobre más importantes del mundo, luego de algunas décadas se extinguirán inevitablemente. O, también, alguna tecnología podría reemplazar esta materia prima. Parecido a lo sucedido con el salitre. Este es el escenario que enfrentarán las próximas generaciones, plantea el programa, en un futuro nada de lejano.

Ecosistema sustentable

Con esta hipótesis, la estrategia apunta a desarrollar –como dice el máximo ejecutivo de Alta Ley- “un ecosistema robusto de innovación y avanzar a una economía capaz de exportar conocimiento”. Según Valdés, “la experiencia internacional enseña que el crecimiento sustentable de los países depende fuertemente del desarrollo de la innovación y tecnología”.maurovaldes

En un reciente seminario en la U. Adolfo Ibáñez, Mauro Valdés reveló que las metas del Programa Nacional de Minería Alta Ley están en proceso de ajuste. “Inicialmente, nos propusimos crear un conjunto de 250 empresas que en un horizonte de 20 años logren exportar US$10.000 millones. Al volver a analizar las cifras llegamos a establecer que US$4.000 millones es un objetivo más realista, considerando que aún así representa un sector grande, similar al del salmón. La meta sigue siendo muy ambiciosa”, argumenta la autoridad.

Valdés explica que el año pasado Alta Ley culminó su fase de consolidación institucional, que consistió en conformar un directorio con participación de todos los actores relevantes. Actualmente suma 25 directores, con representantes del sector público y privado. Figuran mineras como Codelco, BHP Billiton, Enami y Antofagasta Minerals. También universidades y centros de investigación, además de las asociaciones gremiales como Aprimin y Minnovex.

Áreas clave

El programa luego se abocó al desarrollo de una hoja de ruta para definir las áreas del mercado con mayor potencial para exportar conocimiento al mercado minero global. Con el horizonte puesto en el año 2035, un grupo de 150 expertos colaboraron en el estudio, presentado en abril.

Se utilizó el término “traccionantes” para denotar todos aquellos ámbitos que, en el corazón del proceso altaley2minero, constituyen los desafíos tecnológicos más cruciales para la evolución de la industria. Los núcleos priorizados son relaves; fundición y refinería; operaciones y planificación minera; concentración de minerales; e hidrometalurgia.

Por otro lado, la hoja de ruta (o roadmap) estableció “núcleos habilitadores”, que agrupan aquellas dimensiones que, sin ser exclusivas del proceso minero, condicionan la capacidad de la industria para llevar a cabo su plan de desarrollo. Estos son: capital humano; proveedores e innovación; y minería inteligente (redes y protocolos).

Nuevo trato

Uno de los proyectos claves apoyado por el programa nacional minero está a cargo de la Facultad de Ingeniería y Ciencias de la U. Adolfo Ibáñez. Este se enfoca en establecer un nuevo contrato habilitador entre mandantes y proveedores mineros, que brinde sustentabilidad de largo plazo a los innovadores a través de una concepción de creación de valor compartido.

“Es un tema que ha sido el meollo de las dificultades en este tipo de iniciativas. Es mucho más que un contrato habilitador de innovaciones”, recalca Valdés. “Todos conocemos las asimetrías de poder y las dificultades en torno a la propiedad intelectual”, concluye.

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